Psicología del póker en línea

Cómo influir en el juego del adversario a través de nuestro juego. Cómo observar sus hábitos. ¿Qué elementos de la psicología podemos usar en el póker? Algunas claves para conocer el juego ajeno (hábitos, introversión-extroversión, lenguaje) y el propio juego. Las propias emociones como factores que influyen en nuestro nivel de juego. Cómo actuar en función del conocimiento sobre el adversario, y modificar nuestros patrones como parte integral de una estrategia ganadora en el póker.

Esto es lo que descubrirá en este artículo.

¿Ciencia o sentido común?

Hay numerosos artículos y libros escritos sobre el póker, muchos de ellos best sellers, otros escritos por jugadores de gran fama mundial. Sin embargo, desde un punto de vista científico y psicológico, no es mucha la información que se puede obtener, mucho menos acerca del póker en su modalidad en línea, que es, sin duda, la más popular actualmente.

La famosa “cara de póker”, los gestos corporales como la manera de sentarse, o de tomar las cartas, de nada sirven aquí como información sobre el rival, o para dar información al rival. Pero, ¿puede la psicología, en esta modalidad donde no hay interacción cara a cara decirnos algo sobre el juego, sobre qué estrategias seguir?

La respuesta es que si, pero dada la amplitud de elementos y teorías que tiene la actual ciencia de la conducta, es necesario seleccionar algunos que sean especialmente útiles para este propósito. Para este artículo hemos tomado principalmente dos: de las teorías de la personalidad, la dualidad introversión-extroversión; y, por otra parte, la teoría conductista de Skinner, del condicionamiento.

Los aportes de estas teorías los dividiremos en dos apartados, lo referente a observar el juego del rival, y lo referente al propio juego:

Observando el juego ajeno

Tomaremos en cuenta, primeramente, la teoría ambientalista o conductista desarrollada por B. Skinner, y que es la base actual de gran número de aplicaciones en psicoterapia  y otros ámbitos de la psicología. Lo que nos interesa acotar es que esta teoría resalta la importancia del ambiente para las acciones de las personas: en presencia de un mismo ambiente, una persona actuará de la misma manera la gran mayoría de las veces. Es decir, que si un jugador apuesta fuerte cuando su juego es malo, probablemente lo vuelva a hacer. Y si otro, en la misma situación, simplemente pasa, entonces es probable que la próxima vez vuelva a pasar. Tenemos aquí la primera clave: observar las regularidades. Recordemos que hay cuatro acciones posibles en el póker: apuesta, subir, ir, retirarse. Separar en estos cuatro elementos el juego ajeno nos ayudará a una mejor y más sencilla observación del mismo.

Añadamos un elemento teórico extra a esta discusión: la dicotomía intraversión-extraversión. Es palabras sencillas, se trata de un continuo entre la tendencia a hablar, a comunicar, a mostrar (extraversión) y su contraparte, la tendencia a callar, a ocultar, a no decir. Una persona se ubicará, en un punto entre estos dos extremos.  Entonces, si combinamos el elemento ambiente (situación de juego), con el nivel de introversión-extroversión de nuestro rival, tendremos una buena cantidad de información para conocer su juego. Un jugador extrovertido tratará de mostrar más su juego, arriesgará seguramente más, reaccionará más abiertamente a las buenas y a las malas manos, y al contrario para uno introvertido.

¿còmo podemos hacer esto? Con paciencia y capacidad de observación. Con respecto al primer elemento, debemos observar si efectivamente tiene buenas manos cuando apuesta fuerte, o si por el contrario suele perder esas manos; o bien qué resutados (o cartas) tiene cuando apuesta poco y luego apuesta muy fuerte. La clave son las regularidades; el ser humano es un animal de costumbres, y si logramos detectar estos patrones, tendremos la ventaja sobre nuestros contrincantes.

Con respecto al segundo elemento, podemos considerar indicadores de extraversión el constantemente hablar, o comentar sobre las manos, el querer ofrecer consejos o conocimientos sobre el juego; mientras que lo contrario puede ser indicador de introversión: un jugador que apuesta poco, que es cauteloso, que comenta poco o nada de las manos, etc.

Conociendo el propio juego

Así como es importante conocer el juego ajeno, es igual de importante conocer nuestro propio juego. Preguntarnos, en primer lugar, qué razones tenemos para jugar? ¿Para pasar el rato? ¿por el riesgo de apostar? ¿lo consideramos como una manera de obtener ingresos?. Una respuesta honesta a esta pregunta es importante para conocer hasta qué punto estaremos dispuestos a profundizar en el juego y cómo reaccionaremos ante las derrotas y victorias que se sucederán mano tras mano.

Una vez respondida esta pregunta, y teniendo en cuenta las  4 posibles conductas en el póker (apuesta, subir, ir, retirarse), así como el tener buenas, alas o regulares manos, es importante examinar nuestro juego de forma objetiva. Responder preguntas como: ¿de qué manera me siento si tengo una buena mano? ¿Quiero inmediatamente apostar fuerte, o más bien soy cauto y espero hasta la última carta para subir? Son importantes para tener una idea acertada de nuestro propio estilo de juego, es decir, de nuestros propios patrones.

Combinando estrategias

Al combinar el conocimiento de nuestros patrones de juego y respuestas emocionales, con un buen diagnóstico de nuestros contrincantes, basándonos en estos dos elementos teóricos de la psicología científica, podemos aumentar grandemente nuestro nivel de juego, permitiéndonos no solo conocer, sino influenciar (engañar, o dar información que nos convenga dar) al contrincante y responder en consecuencia a ese conocimiento o estimación que hemos hecho de su juego. Todo esto, por supuesto, solo tiene sentido si está integrado íntimamente con una estrategia adecuada de juego, con un conocimiento técnico del mismo, así que este tipo de conocimiento es perfectamente compatible con los métodos tradicionales del póker, por ejemplo aquellos que implican el conteo de cartas o la estimación de probabilidades.

 

Reflexión final: simulación de patrones

Hemos visto como conocer los patrones ajenos es primordial para conocer que tiene un jugador en determinada mano, y de qué manera actuará cuando tenga ciertas combinaciones de cartas; sin embargo, otros jugadores pueden intentar también estudiar nuestros propios patrones de conducta.

Por esto es importante, como un elemento de distracción o de proporcionar información errónea al rival, el mostrar patrones irregulares; es decir, a veces apostar poco, a veces apostar mucho, a veces pasar… en otras palabras, no permitir que tengan un perfil claro de nuestro accionar, o, quizás, mostrar uno para variarlo justo en el momento decisivo del juego. El punto es, no dejar que el contrario se anticipe a nuestras rutinas, sino emplear esas rutinas como elementos para despistar al rival.

Una buena estrategia de juego, concluimos, debe tener en cuenta la psicología del rival, pero también la propia psicología; sin dejar de lado los elementos técnicos propios del póker. En resumidas cuentas, aunque el azar nos envíe las cartas, somos nosotros quienes decidimos que hacer con ellas. Después de todo, en póker, prácticamente cualquier par de cartas puede batir a cualquier otro par de cartas, todo está en saberlas jugar.

 

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