Complejo de inferioridad

A todos nos gusta saber que somos importantes y que el resto de las personas nos quieren, sobre todo si hemos tenido un mal día o un bajón anímico.

Sin embargo, cuando esas palabras de aliento no llegan o pensamos que los demás no nos quieren, tendemos a pensar que no valemos nada, aunque no haya cosa más lejos de la realidad.

Esto es lo que se conoce como complejo de inferioridad, y ocurre cuando nos valoramos por debajo de lo que verdaderamente somos, exagerando nuestros defectos y no reconociendo nuestras virtudes. Esto dificulta en gran medida que nos relacionemos con otras personas, lo que a su vez crea un círculo vicioso de inseguridad en nosotros mismos y en lo que somos capaces de hacer.

Para superar este complejo, hay algunos consejos que los pueden ayudar, que permiten que tengan más tolerancia y confianza en ustedes mismos:

•    Reconocer las virtudes y los defectos: Para saber quiénes somos realmente debemos identificar nuestros defectos y nuestras virtudes,  por ejemplo, haciendo una lista de lo que creemos que perciben los demás (les podemos preguntar a personas de confianza) para saber si ambas visiones coinciden.

•    No poner estándares muy altos: Todos tenemos tendencia a compararnos con otros. Pero muchas veces lo hacemos con referentes que no están a nuestro nivel. Por ejemplo, si no hacemos ejercicio ni comemos sanamente no podemos lamentarnos por no tener la figura de un deportista profesional, ya que no estamos en las mismas condiciones físicas ni hacemos nada por conseguirlo.

•    Aceptar a los demás: Dicen que la manera en que nos vemos a nosotros mismos es el reflejo de cómo vemos a los demás. Por ello también hay que tener tolerancia para aceptar las cosas que nos molestan de los demás sin juzgarlos tan duramente.

•    Depender de nosotros mismos: La madurez emocional pasa por aprender a valorarnos sin depender de lo que piensen los demás. Eso no se logra de la noche a la mañana, pero ejercitando nuestra mente todos los días lo lograremos cuando menos nos demos cuenta. Es cuestión de paciencia y voluntad.

•    Reírnos de nosotros mismos: Reír es un buen ejercicio para el cuerpo, la mente y el espíritu y también es la defensa contra los comentarios negativos.

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